La mirada como cursor invisible
El seguimiento ocular transforma la vista en una señal poderosa para apuntar, seleccionar o confirmar sin emitir palabra. Requiere calibración cuidadosa, protección estricta de datos biométricos y explicaciones claras sobre qué se registra. Cuando se combina con gestos ligeros, la mirada desambigüa intenciones, acelerando tareas. Sin embargo, hay que respetar descansos, evitar sobrecargas atencionales y ofrecer indicadores discretos que muestren cuándo el sistema está prestando atención real.